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domingo, 29 de noviembre de 2015

Lóczy, una insólita atención personal (resumen)

Seguramente la palabra Pikler o Lóczy te suene a moverse en libertad (si quieres ver un resumen, pincha aquí). Hoy os voy a hablar de un libro que explica cómo trabajaban en el instituto Lóczy, no sólo en el ámbito del desarrollo motor.
Cuando leí Moverse en libertad, me quedaron muchos frentes abiertos y muchos interrogantes, pues bien, en este libro, te resuelven algunos de ellos, aunque todavía quedan unos cuantos abiertos como es el tema del juego en profundidad.
No hay que olvidar al leer este libro que estamos hablando de una institución, de niños que se encontraban en un orfanato y no de niños criados bajo el cariño de sus padres, porque si no nos centramos en el lugar, muchas de las cosas nos pueden parecer impactantes.
El instituto Lóczy, acogía niños desde el nacimiento hasta los 3 años aproximadamente por diferentes motivos: muerte de los padres, enfermedad, problemas con la familia, algún abandono… Y uno de los objetivos principales del centro de acogida era crear un entorno favorable para los más pequeños, dar lo mejor de sí y sobre todo, evitar el famoso síndrome de hospitalismo típico de los niños criados en instituciones.

Este libro, no está escrito por la doctora Pikler ni por la doctora Falk (directoras del centro) sino que es el resumen de lo que pudieron ver una psicóloga y una psiquiatra (las autoras del libro) en una estancia de 15 días en 1971 en el centro. La parte positiva es que son imparciales y explican tanto los puntos fuertes como los débiles de la institución (cómo pasaron de no entender lo que se hacía en el centro y a cuestionarlo a dedicar el resto de su trayectoria profesional bajo la influencia de Lóczy). De hecho, la relación surge porque Judit Falk acude a una conferencia de Apell (una de las autoras del libro) en 1967  sobre los “Efectos de la carencia de los cuidados maternales en los centros de acogida” tras esta, Falk como oyente intenta explicar lo que hacía junto a Pikler en su centro. Resulta tan diferente a lo que se hacía hasta el momento y tan difícil de llegar a entender (¿por qué nunca le dan al bebé un juguete en las manos?, ¿por qué no lo colocan en diferentes posturas?, ¿Por qué los dejan en el suelo?)  Que deciden visitar su centro para verlo de primera mano. En 1968 viajan 3 días al instituto Lóczy y se quedan tan impresionadas con lo que ven, que no llegan a creerlo y  deciden volver en 1971, de esta última visita, nace este libro.

“Solo podemos dar testimonio de que no se parecen en nada a los pequeños que hemos visto en las antiguas inclusas o en ciertas salas de preventorios de grandes instituciones o incluso de ciertas guarderías (…) Tienen toda la apariencia salvo en un número muy reducido de niños problemáticos, de gozar de buen estado de salud. Son hermosos, bien desarrollados, armoniosos, despiertos, activos, confiados y abiertos hacia los adultos. Pero también son diferentes, aunque de manera sutil, a niños que conocemos de la misma edad y que viven felices con su familia.”

En el instituto Lóczy, todo está medido, meditado y pensado. No se hacen las cosas por azar, ni por comodidades administrativas, sino que desde su experiencia y conocimientos teóricos, hacen lo que creen que puede favorecer a los niños.

“La doctora Pikler y sus colaboradoras han centrado incesantemente su atención en los niños, preocupándose por comprobar su estado de salud y de desarrollo, de detectar cuanto antes aquello que, en el funcionamiento institucional, pudiera serles perjudicial, intentando poner remedio enseguida mediante modificaciones apropiadas, luchando sin descanso para eliminar los factores de carencia habituales en los medios institucionales así como las fuentes de traumas y tensiones, perjudiciales para la salud de cada niño.”

¿Cuántos adultos trabajan en la institución?
En el momento de la observación, había 51 niños, los cuales eran cuidados por 23 educadoras de unos 20 años, el dato me ha resultado chocante ya que algunas tenían formación, pero a otras se les formaba allí mismo (casi todas tienen el bachillerato) y muchas se marchaban tras varios años en la institución para promocionarse profesionalmente.
Estas eran las personas que estaban directamente al cargo de los niños, sus figuras de referencia, las cuales hacían turnos de 8 horas, por lo que cada niño, pasaba diariamente por 3 educadoras, siendo solamente una de ellas, figura de referencia principal.
Como ya hemos dicho anteriormente, en Lóczy estaba todo medido ( con cierto margen de flexibilidad en el hacer, no en los objetivos) así que cuando una educadora se marchaba, se programa de tal manera que fuera lo menos brusco para el niño. Así como cuando se cambiaba a los niños de habitación, de espacio… Se hacía de la manera que menos pudiera interferir al niño.
4 ayudantes de educadora: ayudaban pero no intervenían de manera directa con los niños. Eran chicas jóvenes en vacaciones, que se planteaban la profesión de educadora…
Entre 4 y 6 nodrizas, que amamantaban a los bebés, no eran educadoras, vivían en la institución, la mayoría eran madres solteras.
2 enfermeras
Una maestra de educación infantil que atendía a los niños desde los 16 – 18 meses en el jardín de infancia que había dentro de la institución. Los niños acudían allí en pequeños grupos y en sesiones cortas, los más pequeños varios días por semana, los más mayores, a diario.
6 psicólogas, que hacían trabajo científico, de asesoría pedagógica a las educadoras…
5 médicas
Otras 24 personas: que realizaban trabajos científicos, administración, limpieza, mantenimiento…

El instituto, tenía 4 principios fundamentales:

-Valor de la actividad autónoma:
Si ya leísteis Moverse en libertad, allí hacen referencia a este punto. Cómo el propio niño es el protagonista de su historia, cómo a través de su propia iniciativa descubre el mundo y para ellos es muy importante poner las situaciones adecuadas, pero no intervenir. Respetar sus ritmos (salvo en los casos de retraso importante), reconocer los logros de los niños verbalmente para que tome conciencia de sus avances, pero desde la distancia, de forma discreta, pero afectiva.

-Valor de la relación afectiva privilegiada e importancia de la forma particular que conviene darle en un marco institucional.
Al hablar del número de educadoras, hemos comentado que por cada niño pasaban 3 educadoras diarias, siendo una de ellas, su figura de referencia, y se pretendía que estas fueran constantes a lo largo de su tiempo en la institución.  Cada niño, recibe una insólita atención personal a través de los cuidados personales (el baño, la comida…) en ese momento, la educadora se dedica exclusivamente a ese niño, sin distracción, siendo toda para él. En el resto e momentos, se favorece la autonomía del niño y el juego libre, aunque el niño siempre tendrá a  su educadora a la vista (a pesar de que esté atendiendo a otro niño, pero esto le dará seguridad)
Este punto que puede resultar chocante, hay que trasladarlo al tipo de institución en la que se encuentran los niños, en la que las educadoras evitan “prometerles más de lo que les pueden dar, pero lo que se les ofrece debe ser constante y seguro”
Por esta razón, no hacen juegos de falda con ellos…

“Al crear una relación real y cálida, se evita desarrollar una demanda afectiva demasiado grande. Por el hecho de vivir en colectividad la avidez del contacto de los niños debe limitarse, de lo contrario será fuente de frustración, inquietud y agresividad. La actividad libre, divertida y satisfactoria, le permite renunciar en parte a sus exigencias de contacto, y asimismo la dedicación que se le ofrece durante las actividades de atención personal garantiza el nivel de contacto indispensable, pero suficiente, para que el pequeño no naufrague en la falta de afectividad ni en el síndrome de insatisfacción afectiva.”

El adulto sólo interviene de manera activa en 3 circunstancias: cuando el niño se encuentra en una situación difícil, cuando hay una disputa o cuando se detectan signos de cansancio. Buscando a educadora una forma de devolver su bienestar, pero no entrometiéndose en su actividad.
-Necesidad de favorecer en el niño la toma de conciencia de sí mismo y de su entorno
Esto se consigue sobre todo en las atenciones personalizadas cotidianas: la alimentación, el baño, el cambio de pañal, el vestir, el desvestir y los exámenes médicos.
“Nunca se considera al niño como un objeto sino que siempre se trata como un sujeto. Desde la más temprana edad y partiendo de él, se intenta que tenga un papel activo cada vez que se encuentra en contacto con él.”
“-las diferentes secuencias de actividad de atención personal se realizan siempre de forma idéntica incluso en los detalles (…)  de modo que el niño puede, o llegará a poder, anticiparlas.
-No hay prisas ni brusquedad (…) siempre parece conceder al niño todo el tiempo que necesita.
-Las actividades de atención personal nunca se interrumpen (…) la educadora termina siempre al ritmo del niño lo que ha empezado a hacer con él”.

Los gestos de las educadoras hacia los niños son delicados, buscando su colaboración, dejando atrás lo cómodo para el adulto. Durante todo el tiempo, la educadora habla al niño, explicándole lo que hace, con un tono uniforme, no muy fuerte… Se les explica a los niños los objetos que se va a utilizar en cada momento… Hay una forma particular de cogerlos: llamándolos, buscando su mirada, tendiendo los brazos… igual que para dejarlos de nuevo en la cama o en el parque. Siempre buscando la participación del niño sea cual sea su edad.
Todas estas atenciones se realizan en orden, un niño tras otro, siempre en el mismo orden. Puede parecer rígido, pero ese orden da estabilidad a los niños siendo capaces de anticipar lo que va a suceder y por otro lado, no es un orden arbitrario, sino que se efectúa en función de los ritmos observados en cada niño. Respetando sus momentos de juego, sueño… Permitiendo que unos niños duerman mientras otros juegan y mientras otros son atendidos y evitando de este modo, tiempos de espera innecesarios por parte de los niños.

-Importancia de un buen estado de salud que subyace, pero que también resulta, de la adecuada aplicación de los principios precedentes.
Se recogen informaciones diarias sobre cada niño, que analizan los médicos, y de esta manera, poder personalizar las atenciones.
Como dato curioso, cuando un niño está enfermo es cuidado dentro de su grupo, ya que como si de una unidad familiar se tratase, cuando el niño está enfermo necesita más que nunca a su cuidadora y su entorno.


La vida en al aire libre cobra gran importancia, las terrazas, el jardín es utilizada al máximo siempre que el tiempo lo permite. Durante medio año, pasan los días enteros prácticamente en el exterior. Todos, desde las 4 semanas de edad, duermen la siesta en el exterior hasta a 10º bajo cero, y los mayores salen a pasear a diario y están en el exterior un máximo de 2 horas haga el tiempo que haga.
También son importantes las actividades que implican otras relaciones sociales diferentes a la que establecen con su educadora: la asistencia al jardín de infancia, los paseos  y salidas fuera de la institución, las fiestas de cumpleaños…De forma que los niños amplíen su abanico de relaciones, tengan nuevas experiencias y rompan con la monotonía cotidiana.
Como resumen, en Lóczy (posteriormente pasaría a llamarse instituto Pikler) sentaron unas bases muy importantes que crearon un cambio en la forma de ver a los niños criados en institución:
-Aunque la relación afectiva nunca pueda compararse con la dada en el seno familiar, pretendieron crear un a relación privilegiada entre niños y educadoras. Mediante las actividades de atención individualizada, el niño podía gozar de una atención exclusiva para él.
-Los niños siempre se trataban como personas, no como objetos: explicándoles las cosas, hablándoles, mirándolos  a los ojos, tomándolos con suavidad, desde recién nacidos hasta los más mayores.
-Preservaron el desarrollo psicomotor e intelectual: a través del movimiento libre, el juego libre… evitaron el retraso psicomotor típico de los niños criados en colectividad. Pero estos avances sólo tienen sentido y muestran verdaderos avances si se acompaña de un adecuado desarrollo afectivo.
-Las actividades de investigación y de formación, nos han permitido conocer lo que se hacía en la institución y los avances que se consiguieron.
Al final del libro, se encuentra la un resumen de la evolución del instituto Pikler desde 1968 hasta 2008.

Para concluir os dejo un vídeo de Bernard Martino: Lóczy, un hogar para crecer. Es largo, dura 2 horas 50 min. Pero podéis ver lo que os acabo de contar.



“El niño no es una marioneta en manos de un adulto todopoderoso, educar no es deformar”

David, M; Appell, G.(2010) Lòczy, una insólita atención personal.Barcelona. Octaedro /Rosa Sensat.

Laura Estremera

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