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jueves, 14 de enero de 2016

Jugamos con nieve sensorial

Sí, se que crear nieve artificial no tiene nada que ver con la nieve real, pero en las zonas donde es muy raro que nieve, es la única forma que tenemos de experimentar con esa textura tan característica (el año pasado, sí que cayó una nevada inesperada, si quieres, puedes ver una actividad que hicimos pinchando aquí)
Para  realizarla utilizamos una receta sacada de internet que la verdad se asemeja bastante a la textura de la nieve y consiste en 2 partes de bicarbonato y 1 de agua.


La parte positiva de crear nuestra propia nieve es que podemos “jugar” con la temperatura del agua y ofrecer nieve muy fría, templada…
Otra parte positiva es que una vez se seca, podemos volverla a utilizar más adelante porque se vuelve a quedar polvo.

Esta actividad la llevamos a cabo con niños de 1 a 6 años, así que cada niño resolvía la actividad según sus características evolutivas: desde la pura experimentación sensorial de los más pequeños, hasta la creación de muñequitos de nieve con bufandas  y diferentes complementos por parte de los más mayores.

A mis niños (los de 2 – 3 años) les ofrecimos también pajitas cortadas, trozos de telas, de papeles pequeños… Pudimos observar como una vez habían pasado una primera etapa de exploración del material, iban introduciendo en sus creaciones los diferentes elementos (les clavaban pajitas, colocaban papelitos…)

¿Qué trabajamos con esta actividad?

-Trasvases: para hacer las proporciones tuvieron que llenar los vasos necesarios de bicarbonato y de agua, trabajando de esta manera la concentración, la coordinación óculo – manual…


-Manipulación: mezclando primero y creando sus producciones después, trabajamos la psicomotricidad fina, la fuerza de los dedos y diferentes experiencias sensoriales.




-Imaginación, creatividad: al crear muchos de ellos un juego simbólico con el material, dar nombre a sus producciones…



-Vida práctica: una vez la actividad decae y pierde interés, recobra interés la última fase no menos importante: lavarse las manos y limpiar lo ensuciado.


A pesar de no tener las mismas características que la nieve real y de no poder acercar al niño al invierno como lo haría la de verdad, fue una actividad que les divirtió.

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Laura Estremera

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