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domingo, 19 de junio de 2016

Calidad de Vida, aproximación al libro de Rebeca Wild

Con esta entrada os quiero aproximar a uno de los libros de Rebeca wild, es uno de esos libros que te demuestran que hay otras formas de hacer las cosas, que la única idea de escuela no tiene que ser la tradicional con un adulto que enseña y unos alumnos que escuchan y aprenden.


Seas más o menos afín a otras formas de educación, aunque no te interese la educación alternativa, activa, viva, libre… Creo que es un libro que no te deja indiferente ya que muestra una educación en la que lo importante es el respeto al niño. Pero no se limita a un respeto entre adulto y el niño o entre iguales, un respeto a la naturaleza del ser humano, un respeto a sus tiempos, a sus ritmos, a sus “leyes biológicas”, a los procesos de vida, a sus intereses, a sus ganas de aprender, a su curiosidad, a sus necesidades, un respeto en su globalidad.

Es un libro que te hace replantearte muchos aspectos de la educación tradicional, que invita a la reflexión:
“Los escolares aprenden sobre todo a sentarse quietos y a hablar sólo si son requeridos a ello. Deben responder a preguntas programadas que ellos mismos no se han planteado, deben absorber por partes unos conocimientos y ensayar unas técnicas que no responden a una curiosidad propia sino que son dirigidos y generados desde fuera. La libertad de escoger está enormemente limitada, suponiendo que exista, y el entorno es tan pobre que las posibilidades de experimentar por medio de los sentidos se reducen al mínimo. La alegría originaria con el propio placer ha sido reemplazada por el elogio y la reprobación y cada vez más por la “caza a las notas”. Las verdaderas emociones tienen poca relevancia; la adaptación a las exigencias ocupan el primer lugar”.

Este fragmento del libro de Wild no se refiere a la educación de nuestro país y en cambio me hace plantearme ¿es esto lo que queremos ofrecerles a nuestros niños?

Rebeca y Mauricio crearon el Pestalozzi (su escuela libre, que más tarde fue homologada por el estado y que consiguieron que abarcara hasta secundaria) para su hijo, una escuela en la  que predominaban las necesidades reales de los niños, dando mucha importancia a la parte emocional y social de la persona.

“Nuestra creencia en estos procesos de vida nos animó a crear condiciones para que los niños pudiesen adentrarse en la aventura de dedicarse a ser niños y de hacerse mayores a su manera, en lugar de dejarse formar y educar desde fuera en aquello que los adultos han determinado que es por su bien o que sirve a los intereses de la sociedad. Sin embargo, esto no significa que en este viaje dejemos solos a los niños, sino que compartimos con ellos eta aventura.”

“Cuando los niños llegan por la mañana, tienen a su disposición todo un entorno preparado. En todas partes que pueden demorarse, sea fuera como dentro, tienen a su disposición a unos adultos. Su misión no es conducir a los niños a cosas o animarlos a hacer determinadas actividades y sí tomar una actitud que muestre interés por ellos, darles apoyo emocional y mantener un entorno distendido para todos (…) y, en el caso necesario, poner límites.” (Haciendo referencia al jardín de infancia)

El Pesta, no fue una teoría ni una idea, el Pesta ha sido una escuela real, donde se ha demostrado que hay otras formas de ver la educación.

“El reconocimiento de nuestra escuela sin la imposición de tener que cumplir con un programa oficial de enseñanza sólo se produjo cuando conseguimos explicar las conexiones neurobiológicas del desarrollo del niño, de tal forma que los funcionarios del Ministerio de Cultura ya no consiguieron encontrar objeciones a nuestro trabajo”.
La idea de espacio o aula, cambia completamente, también la de actividad y como no, la de profesor. El objetivo es un desarrollo integral, en el que el niño opere desde una motivación intrínseca, desde su verdadero interés y no desde el que otro (adulto por supuesto) ha decidido meses antes, en ocasiones todavía sin conocer a los que serán sus alumnos y ha  reflejado en una programación.

“Todas las cosas y situaciones están a libre disposición como ofertas neutrales. Así se motiva a los niños a actuar desde su propio impulso interior de desarrollo y no porque les induzcan a ellos los adultos, a los que están unidos por su necesidad de atención.”

“De todas estas cuestiones se infiere claramente que los adultos acompañantes no pretendemos ser profesores sino personas importantes de referencia que “piensan-con” y “sienten-con”, que están ahí para los niños pero que no enseñan y dirigen. Nuestra prioridad es apoyarles cuando tienen estrés emocional, dándoles suficiente seguridad cuando quieren desahogarse llorando, estar presentes en sus conflictos sin tratar de solventarlos para ellos, garantizar de que se respeten los límites y las reglas acordadas para que el ambiente siga siendo relajado”.

Es un libro que sin  lugar a dudas, te hará reflexionar ¿Por qué nuestra educación está tan centrada en el “memorismo” o no en la comprensión?, ¿Por qué la mejor nota es para el que mejor consiga repetir las “respuestas correctas”?, ¿De verdad la escuela prepara para la vida real?, ¿Se tiene en cuenta la parte emocional de la persona?, ¿Qué importancia tienen las relaciones sociales? ¿Se fomentan o se castigan los diálogos espontáneos e informales?,  ¿Cómo afecta la educación recibida en los primeros años en nuestra personalidad adulta?, ¿Qué podemos hacer para cambiar todo esto?

 “Los resultados de ver la vida como ésta se pueden observar no sólo en el estado en que se encuentra nuestro planeta, sino también en el de las personas que lo habitan: niños agresivos, tensos, inseguros, quizá con la cabeza atiborrada de conocimientos pero que son incapaces de estar satisfechos (…) este es el triste balance del modo en que manejamos la fuerza humana creativa”.

(Refiriéndose a los adultos) “Esta actitud del sí-pero” apunta hacia un verdadero dilema. Si, a pesar de la preocupación por las insuficiencias de nuestra generación, nos proponemos crear circunstancias para que los niños no pierdan su vivacidad originaria  y puedan madurar hasta convertirse en personas íntegras, quizá nos hagamos sospechosos de no tomar suficientemente en serio las necesidades y dificultades de los adultos. ¿Cómo podemos los adultos, que hemos sido educados “a la antigua”, hacernos a las características que se ajustan al paradigma del respeto mutuo y la cooperación con los procesos de vida asumiendo nuestras responsabilidades al respecto?”

Te dejo un enlace a un video en el que podéis ver el Pesta en acción (aquí la parte 2)


¿Te animas a leerlo?


Laura Estremera

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