Un lugar donde encontrar recursos, actividades, materiales, proyectos... para el primer ciclo de EDUCACIÓN INFANTIL

viernes, 25 de noviembre de 2016

Arte con corteza y más elementos

Este tipo de actividad es una invitación, lo que suelo llamar una provocación. La principal característica es que el adulto prepara  los materiales pero no se sabe lo que ocurrirá, son los niños los que dan vida a la actividad, son ellos los que la construyen en función de sus intereses y necesidades.

Esta vez, preparé un rincón con elementos naturales principalmente como corteza de árbol, palos, conchas de caracol, granos de maíz, las hojas que recubren las mazorcas, piedras de colores, pero también palillos y flores artificiales. Me gusta elegir elementos naturales porque nos aportan diferente información sensorial: olor, textura, temperatura, peso…


Aunque los niños sean los protagonistas de la actividad, el papel del adulto es fundamental, no sugiere, no da órdenes, no dirige al niño. Sino que lo observa y le da la seguridad emocional necesaria para que se pueda concentra en la actividad. Por otro lado, vigila el uso correcto de los elementos (ya que algunos son pequeños) aunque se ofrece a un grupo que no se encuentra en una etapa oral y que ya no se llevan cosas a la boca. En esta provocación participaron niños de 2 a 3 años.

¿Qué hicieron?
La primera aproximación fue sensorial: observar, tocar… en definitiva, descubrir qué tenían entre manos. Después continuaron moviendo las cosas de un lado al otro y empezaron a descubrir que las grietas de la corteza podían llenarse de piedritas, de maíz… que los palos, se podían clavar sobre la corteza y además los caracoles si los colocabas con precisión, se aguantaban sobre ellos, que las hojas, las flores… también se podían poner sobre la corteza y quedaba bonito. Todo un trabajo de concentración, precisión. 


Una oportunidad preciosa para poder observar cómo se expresan libremente a través del arte.

¿Qué trabajaron?
La parte sensorial.
La fuerza de los dedos cuando clavaban los palos sobre la corteza.
La motricidad fina y pinza de los dedos al coger todos esos pequeños elementos.


La clasificación, tanto mientras decoraban como al recoger los elementos.
La coordinación óculo manual al colocar cada pieza en el lugar exacto, al aguantar las conchas en los palos…
La atención.
La expresión libre.
Además es un tipo de actividad que se adapta a las diferentes necesidades e intereses de los niños, algunos que se encuentran en una etapa más sensoriomotora tienen una necesidad de mover los elementos, trasvasarlos de un recipiente a otro, mezclarlos, escuchar su sonido al agitarlos… Otros que se encuentran en una etapa más representativa, prefieren expresarse a través de esos mismos elementos… Por lo que una misma propuesta, en un mismo espacio, tiene diferentes soluciones y acabados, no existe un acabado correcto, porque lo importante es el disfrute de la actividad.





“Nosotros pusimos el ambiente, el niño hizo el resto”
Laura Estremera
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Puedes descargarte mi libro CRIANDO, pinchando aquí.






viernes, 18 de noviembre de 2016

Mercado de materiales no estructurados

Hace tiempo, la tienda de nuestra clase estaba repleta de alimentos de plástico, muy realistas por cierto, estéticamente eran preciosos, pero que generaban un juego que bajo mi punto de vista era de “poca calidad” ¿qué quiero decir con eso? Pues que eran unos juguetes demasiado cerrados que no daban pie a imaginar, a crear, a un verdadero juego simbólico y si esa era la finalidad de tener una tienda con alimentos en el aula, no estaba funcionando.

No hay más que ir a la propia definición de juego simbólico para ver que lo que teníamos no lo era.  El juego simbólico es aquel que permite que cualquier cosa pueda tener diferentes funciones, cualquier objeto represente cosas  y el niño puede jugar “como sí”. Un palo puede ser una cuchara, un lápiz, una salchicha, una trompeta, un catalejo… En cambio, nuestro brócoli, sólo servía de brócoli, nuestro pimiento rojo, lo utilizaban casi siempre de pimiento rojo, lo mismo con la mazorca de maíz, el apio… Por lo que estos juguetes eran bastante cerrados, no ofrecían un juego simbólico de calidad, porque precisamente no daba pie a lo que significa SIMBÓLICO: el utilizar unas cosas en función de otras. 

  Esta es la clave de por qué los niños se entretienen más con la caja que con el juguete.

Por esta razón, nuestra tienda cambió los alimentos de plástico por materiales no estructurados: anillas, palos, piñas, formas de madera... Este tipo de elementos, permiten un juego mucho más rico,  estos materiales permiten mil funciones, muchas más combinaciones. Y no sólo nos sirven para el juego simbólico, también se utilizan para el juego de construcción.



Además se ajustan a las necesidades de cada niño, los  de mi clase tienen de 2 a 3 años, por lo que hay niños que han entrado en juego simbólico y otros que todavía no, que se encuentran en una etapa más sensoriomotora, que su necesidad es la de combinar objetos, tocarlos, meterlos en recipientes, sacarlos,
golpearlos… Así que este tipo de elementos se ajustan mucho mejor a las diferentes necesidades.




Por último, todos estos elementos son de materiales naturales por lo que aportan diferente información  sensorial (también los recipientes son de metal, mimbre…) diferente peso, textura, temperatura, sonido…  (No sabéis lo que les gusta dar vueltas a las conchas en una olla y escuchar cómo suenan unas contra otras al chocar).

Además, a la hora de recoger, para volver a dejar cada elemento en su bandeja, CLASIFICAN y clasificar es un requisito previo para comprender el concepto de número. Así que trabajan las matemáticas. 


Este cambio, fue hace 2 años y todavía sigo sorprendiéndome de la riqueza de juego que ofrecen los juguetes que no son juguetes.



Por cierto, en mi libro CRIANDO, encontraréis un capítulo sobre el juego y el juguete, puedes descargarlo pinchando aquí.



Cuantas menos cosas haga un juguete, más cosas hará la mente del niño

Laura Estremera

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